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Por qué a partir de ahora trabajo en modalidad híbrida y online

Desde este curso, mi consulta funciona en dos modalidades: híbrida —alternando sesiones presenciales y online según el momento del proceso— y exclusivamente online. Es un cambio de calado en mi forma de trabajar y creo que merece una explicación, no solo un anuncio.

Qué dice la investigación (y qué no)

La psicoterapia por videollamada lleva más de dos décadas estudiándose. El hallazgo más consistente es que los resultados clínicos son equiparables a los de la terapia presencial: los metaanálisis muestran mejoría sintomática comparable, especialmente en ansiedad y depresión.

Sobre el vínculo, el debate sigue abierto y prefiero contarlo tal cual: una revisión de 2018 encontró una alianza terapéutica algo inferior en videollamada, aunque con la misma reducción de síntomas; un metaanálisis más reciente, con dieciocho estudios, no encontró diferencia alguna ni en la valoración de los pacientes ni en la de los terapeutas. Mi lectura, y la de buena parte de la literatura, es que la alianza depende de la empatía, la validación y la pericia clínica mucho más que del canal.

Lo que no está demostrado es que el modelo híbrido sea superior a cualquiera de los dos formatos por separado. Faltan estudios comparativos y no se conoce la proporción óptima entre presencial y online. Es, de momento, un criterio clínico razonable, no una verdad establecida. Prefiero decirlo así.

Lo que gana el proceso: continuidad

El abandono prematuro es uno de los problemas persistentes de la psicoterapia. Las cifras varían mucho según cómo se defina —en torno al 20 % en las revisiones más rigurosas, bastante más en contextos asistenciales reales—, pero hay un dato que se repite: la mayoría de los abandonos ocurren en las primeras sesiones, antes de que el vínculo haya tenido tiempo de asentarse.

Muchas de esas interrupciones no son clínicas. Son un cambio de turno, un desplazamiento imposible, una mudanza, un hijo con fiebre, un viaje de trabajo. La modalidad híbrida retira esas fricciones sin interrumpir el proceso. Y ese es, para mí, el argumento de peso: la terapia funciona cuando se sostiene en el tiempo.

El trabajo ocurre entre sesión y sesión

En mi forma de trabajar, la sesión no es el lugar donde ocurre el cambio, sino donde se ordena y se comprende. El cambio ocurre fuera: en cómo alguien responde a su pareja el martes por la noche, en lo que hace con una emoción que aparece en mitad de una reunión.

Desde la primera entrevista utilizo instrumentos de evaluación, autorregistros y tareas entre sesiones, precisamente para trabajar sobre ese espacio intermedio. El formato online no compite con esa lógica: la refuerza. Registrar algo cuando está ocurriendo tiene más valor clínico que reconstruirlo diez días después.

Lo que no cambia

El encuadre. Sesiones del mismo tiempo, la misma frecuencia acordada, el mismo consentimiento informado, la misma confidencialidad y las mismas obligaciones deontológicas del Colegio Oficial de la Psicología.

También la protección de datos: correo con dominio propio, teléfono profesional separado del personal, agenda sin datos identificativos de pacientes. La consulta online no es una consulta más informal; es la misma consulta en otro soporte.

Cuándo sigo recomendando lo presencial

No todo encaja en online, y me parece poco serio sostener lo contrario. Sigo recomendando presencial en situaciones de riesgo o descompensación que requieren un marco de contención más estrecho, cuando hay necesidad de intervenir sobre el entorno inmediato de la persona, y siempre que alguien tenga una preferencia clara por el cara a cara.

En ese último caso, en CEDECA cuento con compañeras que atienden presencialmente y a quienes derivo con toda tranquilidad. Elegir bien el formato forma parte del trabajo clínico, no es un trámite previo.

Un modelo pensado para la vida real

El futuro de la psicología no es puramente digital ni exclusivamente presencial. Es integrador. Y no por moda tecnológica, sino porque la vida de las personas que acuden a consulta hace tiempo que dejó de caber en un único horario fijo, en un único despacho, de forma indefinida.

La terapia debería adaptarse a la vida de quien la necesita. No al revés.

Marta Rodríguez Peso · Psicóloga · Col. M-16697 · Directora de CEDECA – Gabinete de Psicología & Coaching

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